Mi primer viaje en crucero

 

 Lo que más me gustó de estos nueve días en barco fue poder sentirme libre y que nuestros padres nos dejaran salir solos, porque al estar dentro del crucero se quedaban tranquilos, aunque teníamos que llegar a nuestras cabinas a la una y media, como máximo. A la noche, como todas las comidas y bebidas estaban incluidas en el pasaje, nos sentábamos con los chicos en uno de los bares y pedíamos tragos sin alcohol especiales para menores; total, nuestros padres ya habían pagado todo.

 

 
Río e Ilhabela fueron mis dos escalas preferidas, con playas espectaculares como Ipanema y Praia do Curral. En Punta del Este, la primera de las paradas, hicimos algunas compras por la calle Gorlero y fuimos un rato a la playa; en el puerto me encantaron los veleros y los yates, ¡uno mejor que el otro!
 
La cubierta once del crucero fue donde compartí más tiempo con mis amigos, porque ahí estaban la pileta, el jacuzzi y el restaurante donde comí unos desayunos increíbles con huevos revueltos y panceta, y donde podíamos también almorzar de todo y a cualquier hora.
 
 
Lo que más voy a extrañar del crucero es el sistema todo incluido y a mis amigos: Valen, Tomi, Augusto Tomás, Ramiro y Salvador, con los que nos pasamos los mails. Espero compartir con ellos otro viaje el próximo verano.
 
Iván Waintrub

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